Cómo aprovechar tres días en Bakú al máximo
Cuando llegamos a Bakú teníamos tres días completos y la sensación de que no sabíamos muy bien por dónde empezar. La ciudad es grande, tiene capas históricas y modernas completamente distintas, y la excursión a Gobustán requiere planificación. Este es el itinerario exacto que seguimos, y que repetiríamos sin dudarlo.
Día 1: La Ciudad Vieja y las vistas desde las alturas
Dedicamos el primer día entero a la parte histórica de Bakú, que es además la más cómoda para hacer a pie. Empezamos después del desayuno, sobre las diez de la mañana, con el estómago lleno y las piernas descansadas.
La primera parada fue la Ciudad Vieja (Icheri Sheher). Nada más cruzar la puerta de entrada en la muralla medieval, el ambiente cambia por completo. El ruido de la ciudad desaparece. Las calles se vuelven estrechas, de piedra, llenas de gatos tomando el sol y de pequeños negocios de artesanía. Nos perdimos durante casi dos horas por sus callejuelas sin ningún objetivo concreto, y fue probablemente una de las mejores decisiones del viaje.
Dentro de la Ciudad Vieja, subimos a la Torre de la Doncella (Qiz Qalasi). La entrada vale la pena no solo por la historia —nadie sabe con certeza para qué se construyó, lo que la rodea de un misterio genuino— sino sobre todo por las vistas desde la terraza superior. Desde allí se ve el contraste entre la muralla medieval a tus pies y las Flame Towers brillando al fondo.
Antes de comer, nos acercamos a la Mezquita Taza Pir, una de las mezquitas más bonitas de la ciudad, con sus mosaicos azules y su patio sereno en medio del bullicio. Un sitio para tomarse cinco minutos y respirar.
Para comer exploramos la Calle Nizami, la arteria peatonal y comercial del centro. Hay desde cafeterías locales hasta restaurantes con terraza. Los precios son muy razonables y la gente local también come por aquí, lo que siempre es buena señal.
Por la tarde, cogimos el funicular hacia Highland Park. El trayecto es corto pero la subida merece la pena: arriba tienes las mejores vistas panorámicas de Bakú, con la bahía del Caspio a un lado y las Flame Towers al otro. Desde allí bajamos a pie, dando un paseo largo y tranquilo que nos llevó hasta el Callejón de los Mártires, un lugar cargado de emoción con vistas impresionantes al Caspio al atardecer. Un sitio para estar en silencio y simplemente mirar.
Día 2: El Caspio, la arquitectura moderna y la mezquita junto al mar
El segundo día lo reservamos para la Bakú más moderna y costera. Empezamos con calma, tomando un café en el hotel antes de salir, porque este día requiere bastante caminar.
Primera parada: la Pequeña Venecia. Es un canal artificial en pleno centro de la ciudad, con pequeñas góndolas y puentes de piedra. No es Venecia, obviamente, pero tiene un encanto genuino y por la mañana temprano, casi sin turistas, es un lugar tranquilo y fotogénico. Nos sentamos en un banco junto al agua durante un rato sin hacer nada en particular, que también es una forma válida de conocer una ciudad.
Desde allí empezamos a caminar por el Boulevard del Caspio en dirección al Museo de la Alfombra. El paseo es largo pero completamente plano y muy agradable: a un lado el agua, al otro la ciudad. El Museo de la Alfombra merece una visita aunque no seas especialmente aficionado a los tejidos, porque el edificio en sí —con forma de alfombra enrollada gigante— es ya una curiosidad arquitectónica. Dentro, la colección de alfombras azerbaiyanas es genuinamente impresionante en escala y detalle.
Continuamos caminando hasta el Caspian Waterfront Mall para comer. Sí, un centro comercial, pero con vistas al Caspio y una planta de restaurantes muy completa donde mezclan cocina local con opciones internacionales. Comimos bien y barato.
Por la tarde nos acercamos al Baku Eye, la noria frente al Boulevard, y luego a la State Flag Square, donde se levanta una de las astas de bandera más grandes del mundo. La escala es absurda, desproporcionada, y eso la convierte en algo difícil de ignorar.
Cerramos el día con lo que para nosotros fue uno de los momentos más especiales del viaje: la Mezquita Bibi-Heybat. Está a unos quince minutos en Bolt del centro, a orillas del Caspio. La combinación del blanco de la mezquita, el azul del agua y la luz del atardecer es de una belleza difícil de describir. Llegamos justo antes de que cerrara al público y pudimos verla casi solos.
Día 3: Gobustán por la mañana, Zaha Hadid por la tarde
El tercer día tiene dos mitades muy distintas que funcionan perfectamente juntas. Madrugamos un poco más que los días anteriores porque la excursión a Gobustán requiere salir temprano.
Por la mañana, excursión a Gobustán. Está a unos 60 kilómetros de Bakú y se puede llegar en transporte público, aunque nosotros optamos por un taxi privado para tener más flexibilidad. El paisaje durante el trayecto ya empieza a ser interesante: la ciudad va desapareciendo y aparece un territorio árido, casi lunar, con pequeñas torres petrolíferas antiguas desperdigadas por el camino.
En Gobustán visitamos tres cosas: los petroglifos prehistóricos —grabados en roca de hace más de 10.000 años que representan figuras humanas, animales y barcos—, los volcanes de barro —pequeños cráteres que burbujean con barro frío, completamente surrealistas— y las Montañas de Fuego (Yanar Dag), donde el gas natural que emerge del suelo arde permanentemente sin que nadie lo haya encendido. Ver ese fuego saliendo de la tierra de forma natural, en un día despejado, con el Caspio al fondo, es uno de esos momentos de viaje que se quedan grabados.
De vuelta a la ciudad después de comer, dedicamos la tarde entera al Heydar Aliyev Center. Si solo puedes ver un edificio moderno en Bakú, que sea este. Zaha Hadid diseñó una estructura completamente orgánica, sin ángulos, que parece fluir desde el suelo hacia arriba como si fuera una ola enorme. Por fuera es ya una experiencia visual; por dentro, las exposiciones sobre cultura azerbaiyana y la historia del país completan el día de una forma inesperadamente emotiva.
Terminamos el viaje cenando en un restaurante del centro, repasando fotos y sintiéndonos un poco mal de tener que coger el vuelo al día siguiente.
Consejos prácticos para seguir este itinerario
Reserva Gobustán para el tercer día porque requiere más energía logística y es mejor tenerlo claro desde el principio.
Usa Bolt para los desplazamientos largos —aeropuerto, Gobustán, Bibi-Heybat— y camina para todo lo demás. La ciudad es muy agradable a pie.
No planifiques demasiado. Los mejores momentos del viaje fueron los que surgieron sin plan: un café en una callejuela de la Ciudad Vieja, una conversación con un joven azerbaiyano en el Boulevard, una tienda de alfombras donde el dueño nos invitó a té.
Cena tarde, como los locales. Los mejores restaurantes del centro se llenan a partir de las ocho. Merece la pena esperar.
