La pregunta que nos hicimos antes de comprar el billete
Cuando le contamos a la gente que íbamos a Bakú, las reacciones fueron bastante reveladoras. Algunos nos preguntaron directamente si era seguro. Otros nos miraron con una mezcla de curiosidad y cierto escepticismo. Azerbaiyán no es un destino que la mayoría de la gente tenga en su radar, y esa falta de información genera dudas legítimas.
Así que vamos al grano: Bakú es una ciudad muy segura para el turista. No es una afirmación de manual de viaje, es lo que vivimos durante tres días moviéndonos con libertad por la ciudad a cualquier hora.
Nuestra experiencia real: tres días sin un solo momento incómodo
Llegamos de noche al aeropuerto y cogimos un Bolt hasta el hotel. El trayecto duró unos veinticinco minutos atravesando la ciudad de madrugada, y en ningún momento tuvimos sensación de inseguridad. El conductor fue amable, el precio coincidió exactamente con lo que marcaba la app.
Durante los días siguientes, paseamos por la Ciudad Vieja hasta tarde, cenamos en zonas que no eran especialmente turísticas, tomamos el funicular, volvimos andando de noche desde el Callejón de los Mártires. En ningún momento sentimos que alguien nos siguiera, que hubiera zonas que evitar o que tuviéramos que estar especialmente atentos a nuestras pertenencias.
La ciudad transmite una sensación de orden genuina. Las calles están limpias, hay iluminación en prácticamente todas las zonas que visitamos, y la presencia policial es discreta pero visible.
La gente: el factor que más influye en la sensación de seguridad
En Bakú la gente es, en términos generales, amable y respetuosa con el visitante extranjero. Pero hay un grupo que destaca especialmente: los jóvenes. En varias ocasiones se nos acercaron chicos y chicas de veinte y pocos años, estudiantes en su mayoría, solo para practicar inglés o para preguntarnos de dónde éramos y qué nos parecía su ciudad.
Esas conversaciones espontáneas, sin ningún interés comercial detrás, son una de las cosas que más nos gustaron de Bakú. Hay una curiosidad genuina hacia el extranjero que hace que la ciudad se sienta acogedora desde el primer día.
Eso sí, como en cualquier lugar del mundo, hay que tener cierto sentido común. No dejes objetos de valor a la vista, no hagas alarde de cámaras caras o teléfonos en zonas muy concurridas, y si vas a hacer una compra en una tienda sin precios marcados, pregunta el importe antes de comprometerte.
El tráfico: el único peligro real de Bakú
Si hay algo en Bakú que sí requiere atención, es el tráfico. La conducción es agresiva, las señales de tráfico se respetan con cierta... flexibilidad, y los peatones no siempre tienen prioridad aunque el semáforo diga que sí. En horas punta, cruzar algunas avenidas del centro puede ser una experiencia bastante intensa.
El consejo práctico: cruza siempre por los pasos de peatones, espera a que los coches realmente hayan parado antes de cruzar, y si caminas cerca de la calzada, mantente alerta. No es un peligro exagerado, pero sí merece más atención que en una ciudad europea.
¿Y la situación política de Azerbaiyán?
Es una pregunta que aparece en muchos foros de viaje. Azerbaiyán tiene una historia política compleja, y el conflicto histórico con Armenia en torno a la región de Nagorno-Karabaj genera incertidumbre en algunos viajeros. Lo que podemos decir es que nada de eso tiene impacto visible en Bakú ni en las zonas turísticas del país. La ciudad funciona con total normalidad y el clima social que encontramos fue completamente tranquilo.
Como siempre, conviene revisar las recomendaciones de viaje del Ministerio de Asuntos Exteriores de tu país antes de partir, pero en nuestro caso —y en el de los muchos viajeros que visitan Bakú cada año— la ciudad es un destino perfectamente viable y seguro.
La conclusión honesta
Bakú fue una de las ciudades donde menos pendientes estuvimos de la seguridad durante el viaje. No porque fuésemos imprudentes, sino porque el entorno simplemente no generaba alerta. Nos movimos con libertad, a cualquier hora, por diferentes partes de la ciudad, y lo que encontramos fue curiosidad, amabilidad y un destino que tiene mucho más que ofrecer de lo que su imagen exterior sugiere.
Si la seguridad era tu única duda para visitar Bakú, puedes quitarla de la lista.
